Pasos

Hermandad de Jesús en su Tercera Caída

Corona de espinas

corona de espinasAbre el desfile de nuestra hermandad una obra excepcional de uno de los grandes escultores contemporáneos españoles, el benaventano José Luis Alonso Coomonte (1932). Su obra religiosa, que explora las posibilidades de nuevos materiales y de modos de expresión acordes a las propuestas del Concilio Vaticano II, se encuentra profundamente vinculada a la imaginería y estética de la hermandad de Jesús en su tercera caída.

Esta corona de hierro, fabricada en 1999 con rejas de arado, traduce a proporciones ciclópeas la corona de espinas de la Pasión Cristo. Su funde aquí, mejor que en ninguna otra obra de su producción la profunda raigambre tradicional de su obra, de su formación, de sus fuentes de inspiración, con la más absoluta modernidad en su concepción, interpretación e incluso en la manera de resolver el tratamiento del material.

La pieza fue expuesta en el año 2011 en la exposición Passio, edición de la muestra Las Edades del Hombre celebrada en Medina del Campo y Medina de Rioseco.

Cruz de yugos

Semana Santa 2015 270Dentro de la misma corriente artística que la Corona de espinas, de esa renovación estética que supuso el Movimiento de Arte Sacro iniciado en los años 60 se encuentra el segundo paso de la hermandad. La Cruz de yugos, puesta a hombros de los hermanos hace ya más de tres décadas, en 1985, venía prácticamente a perpetuar la ofrenda que el maestro José Luis Alonso Coomonte efectúa periódicamente a la Tercera Caída. Se trata de verdaderos ejercicios de estudio y de profundización en la más sagrada de las iconografías. Hierro, madera y vidrio vestían hasta entonces los ya icónicos guiones “coomontianos” hasta que llegó esta, la más voluminosa, elaborada con yugos atados con las correas de los bueyes, cómo símbolo del compromiso del artista con la tierra que le vio nacer. Se trata de una obra tremendamente personal y convertida ya en un símbolo de cada Lunes Santo de la Pasión zamorana.

Despedida de Jesús y su Madre

despedidaEnrique Pérez Comendador, cacereño de nacimiento (1900-1981), aunque encuadrable en la escuela sevillana de escultura, talló este bello conjunto en el ecuador de su carrera artística, en 1957. Obra en madera, policromada al aceite, describe el momento en que Cristo encaminado a su Pasión es confortado por su Madre. Parece que la adopción de esta particular iconografía por la imaginería pasional española procede de las creaciones de uno de los pintores más destacados de la España de los siglos XVI y XVII: El Greco. Él sería uno de los primeros artistas en representar la soledad e intimismo del encuentro entre la María y su Hijo, en el que el juego de miradas y actitudes hacen innecesarias las palabras. Aunque si algunas hubieran de acompañar a este grupo serían las que salieron de la pluma de Lope de Vega: Tiernamente se despiden; / tanto, que en solo mirarse / parece que entre los dos / se está repartiendo el cáliz. / Hijo, le dice la Virgen / ¡ay si pudiera excusarte / esta llorosa partida /que la entrañas me parte!

Jesús en su tercera caída

jesus-caidoEl paso titular de esta hermandad fue tallado por el bilbaíno Quintín de Torre Berasategui (1877-1966) en el año 1.947 utilizando pino del norte. Ante nosotros aparece Jesús, caído, apoyando su brazo izquierdo en el suelo mientras con el otro trata de soportar la pesada cruz que descansa sobre su espalda. La tercera caída representa el agotamiento del hombre, sin aliento, exhausto, sin arrestos para levantarse…ya en la inmediatez del punto donde iba a ser crucificado. La voluntad del Padre se estaba cumpliendo hasta las últimas consecuencias. Artísticamente la imagen es un compendio del estilo de este imaginero, en el que se acentúan los rasgos realistas y expresivos de sus figuras con un importante poso de la tradición de los maestros castellanos del renacimiento y el barroco. Quedaba efigiada así de manera inmejorable una de las “estaciones de la cruz” incluida en la tradición devocional Vía Crucis.

No conviene olvidar que en 1961 fue restaurado por el maestro zamorano Ramón Abrantes.

Virgen de la Amargura

virgen-amarguraCierra el desfile de la hermandad de Jesús en su tercera caída, la obra del escultor zamorano Ramón Abrantes (1930-2006) que, al contrario de lo que pudiera pensarse y pese a haber recibido otros ofrecimientos, sólo dejó esta obra en la pasión de la ciudad del Duero, si exceptuamos la restauración que en 1961 efectuó en la talla de Jesús en su tercera caída.

Bendecida en 1959, se la vistió con túnica blanca de lamé plateado y desde 1963 con un precioso manto de terciopelo negro bordado con cruces de oro

Esta Virgen es una de esas imágenes llamadas “de bastidor”, por tener sólo talladas en su totalidad la partes visibles. Además, mientras el cuerpo es de madera de pino, la cabeza, manos y pies se tallaron en madera de cerezo.

Representa a María, de pie, con la mirada dirigida hacia lo alto y la mano derecha alzada. ¡Cuánto dolor y pena encierran su mirada y la expresión de su rostro! Delante de ella, su Hijo, camino del Calvario tal y como narraba la advocación popular de los “Siete Dolores de María”: Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor.

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