EL MILAGRO DEL PESEBRE

Compartir en:

Las calles ya brillan con luces y el mundo parece acelerarse, pero en el seno de nuestra Hermandad, os invitamos a hacer todo lo contrario: a detener el paso, a hacer silencio interior y a mirar hacia abajo, hacia la paja humilde de un pesebre.

Porque en esta temporada navideña, nos reunimos no solo para celebrar una fiesta, sino para ser testigos, un año más, del misterio más desconcertante y maravilloso de nuestra fe: Dios cabe en el abrazo de una madre.

A veces, entre las compras y el ruido, olvidamos la magnitud de lo que celebramos. La Navidad no es un cuento infantil; es el momento histórico en el que el Cielo tocó la Tierra.

«Contemplemos el pesebre, en donde sucede lo imposible: Dios es un niño.»

Es un recordatorio sobrecogedor. El Todopoderoso, el Creador del universo, renunció a su grandeza para hacerse vulnerable, dependiente y pequeño. Dios no vino a imponerse con truenos ni ejércitos; vino a pedirnos permiso para amarnos desde la fragilidad de un recién nacido. Al mirar al Niño Jesús, entendemos que la verdadera grandeza está en el servicio y que la verdadera fuerza reside en la humildad.

La Navidad es, por excelencia, el tiempo de la familia. Es el momento de volver a lo esencial. Al igual que la Sagrada Familia se protegió mutuamente en la noche de Belén, nosotros estamos llamados a ser refugio para los nuestros.

Es tiempo de reencuentro, para abrazar a los que están lejos y perdonar a los que están cerca. Es tiempo de memoria agradecida, para recordar con una sonrisa, y no solo con lágrimas, a los que ya gozan de la presencia del Padre. Ellos siguen celebrando con nosotros en cada Eucaristía. Es tiempo de calidez, donde el mejor regalo no es el que se envuelve en papel, sino el tiempo que nos dedicamos unos a otros.

Desde la Consejo Rector, queremos mirar a los ojos a cada uno de vosotros y deciros: Gracias.

Nuestra Hermandad no son sus pasos, ni sus insignias, ni su patrimonio material. La Hermandad sois vosotros. Vuestra fe, vuestro trabajo silencioso, vuestra caridad y vuestro apoyo constante son el pilar que sostiene esta casa común. Gracias por compartir vuestras vidas con nosotros y por hacer de esta comunidad una verdadera familia espiritual que camina unida hacia Dios.

En estos días santos, no dejemos que lo urgente nos robe lo importante. Os invitamos a que, en la intimidad de vuestros hogares, os detengáis unos minutos frente al Nacimiento.

No miréis solo las figuras; buscad el Misterio. Mirad a María, y aprended de su «Sí» incondicional. Mirad a José, y aprended de su custodia silenciosa y fiel. Mirad al Niño, y dejad que su paz inunde vuestros corazones.

Que, en medio de los preparativos, atesoremos los regalos que no caducan: la Esperanza que nos levanta, la Paz que nos serena, el Amor que nos une y la Fe que nos salva.

Que la luz que emana de Belén ilumine cada rincón de vuestras vidas y que el Dulce Nombre de Jesús sea siempre vuestro consuelo y guía.

¡Feliz y Santa Navidad, Hermanos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.